Harmonia libertaria: rayuela

Una sociedad universal de pequeñas ciudades libertarias, autogestionarias, ecológicas, un poco urbanas y un poco rurales, con tejados que son jardines comestibles (huertos con flores) y cada manzana (pero manzana redonda, no cuadrada)tenga un parque comunitario que es un huerto.

12.30.2006

Elogio de la Gastrosofía

Elogio de la Gastrosofía

Gastrósofo es el filósofo de la alimentación, un tema que a juicio de pensadores como Fourier y Nietzsche es mucho más importante que el estudio de las ideas o del espíritu. Nietzsche le daba tanta importancia a la alimentación, alimento del cuerpo, que consideraba como detritus, es decir, como desechos sólidos de la carne, el sorete y la metafísica. El alimento potencia el cuerpo, la carne, y los residuos son evacuados en forma de sorete; pero el alimento también se transustancia en buen humor, en bienestar, en capacidad de filosofar, de cantar, de poetizar, de danzar, de tal manera que se transforma también en una forma espiritual del sorete, que es el arte o la metafísica.

La dietética es la unión superior de la ética con la estética; es el arte de construirse a sí mismo. En palabras de Nietzsche: “seamos los poetas de nuestra vida, y en primer lugar en el detalle minucioso y en lo más banal”. La vida cotidiana está compuesta por detalles minuciosos y aparentemente banales como son las necesidades fisiológicas. Ocultarlas, reprimirlas, cubrirlas con un velo de pudor puede convertir estas necesidades en bombas de tiempo. ¿Cómo se puede filosofar sobre la existencia conteniendo las ganas de evacuar, de hacer el amor, de comer, de beber, de embriagarse? Gobernando la dietética para sí uno se vuelve escultor de sí mismo. “El hombre ya no es artista, es él mismo una obra de arte.

Los filósofos idealistas y materialistas coinciden en su menosprecio por temas capitales como el amor, la codicia, el deseo, la conciencia, la piedad, la crueldad, la jornada, el empleo del tiempo, las costumbres. A diferencia de ellos, el gastrósofo ejerce una praxis sobre algo tan vital para el cuerpo y el espíritu como es el alimento. Por eso Nietzsche deplora que “el estudio del cuerpo y de la dietética no forme parte todavía de las materias obligatorias en todas las escuelas primarias y secundarias.”

Fourier le otorga la misma y mayor trascendencia a la alimentación, que junto con el amor representa a las más altas funciones del Estado. Alimentación y amor son temas tan importantes que el Estado no puede dejarlos a merced de las posibilidades o el capricho del individuo. El Estado debe intervenir para que a nadie le falte alimentación de calidad y conforme a su temperamento, y para que cada uno encuentre en esta vida su par amoroso, por más fantasiosas que sean sus preferencias sexuales. Mientras los socialistas científicos someten las necesidades del cuerpo a la tiranía de la Razón y del Sistema, Fourier, el gran socialista utópico, aconseja: “Estudiemos, pues, los medios para desarrollar y no reprimir las pasiones. Tres mil años fueron estúpidamente desperdiciados en ensayos de teorías represivas: es hora de hacer un profundo cambio en política social y reconocer que el creador de las pasiones sabía de esto más que Platón y Catón: que Dios hizo bien todo lo que hizo; que si hubiera creído que nuestras pasiones eran perjudiciales e incapaces de un equilibrio general, no las habría creado, y que la razón humana, en lugar de criticar esas potencias invencibles que se llaman pasiones, habría hecho mejor en estudiar sus leyes en la síntesis de la atracción.” Así como Newton formula la ley de la atracción de los cuerpos celestes, así Fourier extiende el concepto a la atracción de los seres humanos.

El Concilio de Gastrósofos

Según Charles Fourier, el conocimiento y la buena administración de las pasiones (particularmente las dos básicas: el amor y la alimentación. ¿Habrá alguna más?) conduce de la Civilización a la Armonía. La Civilización es la organización de la escasez; la Armonía, la organización de la abundancia y el placer. La Civilización está signada por la indigestión de los alimentos rutinarios, pobres, mal aderezados y peor cocinados; la Armonía basa su criterio de eficacia en la digestibilidad de los alimentos, que permitan mantener liviano el cuerpo y el apetito presto a renovarse cada dos horas. Civilización es insuficiencia y acidez; Armonía es abundancia y dulzura. De aquí arranca la pretensión final de convertir el agua del mar en limonada para halagar a los niños.

Uno de los ítemes más importantes del acto de gobernar es “organizar la voracidad general”, administrar la Gula, pasión común a todas las edades, sexos y categorías sociales, pero sobre todo pasión fundamental, única, en la niñez, así como el Amor sexual es pasión desbordante pasada la pubertad.

“Los gastrósofos son los médicos oficiosos de cada individuo, conservadores de su salud por las vías del placer”. Los alimentos que ellos inventan y cocinan son agradables, livianos, capaces de renovar, y no de anular, en forma cíclica el apetito.

La gastrosofía es también una ética de la templanza. “¿Qué pensaríamos de un tierno esposo, legalista, que dijera: Gocé tanto con mi mujer esta noche que estoy agotado y tendré que descansar por lo menos una semana? Cualquiera le respondería que hubiera sido mejor no abusar y reservar el uso del placer para los ocho días durante los cuales deberá descansar.” El arte de la mesa consiste no sólo en la calidad y sutileza de los alimentos sino en una selección de los comensales por el principio de atracción newtoniana: jamás juntar caracteres opuestos para acentuar el placer de la conversación y la sobremesa.

El concilio gastrosófico otorga méritos a aquellos de sus miembros que, a través del estudio y la práctica, han encontrado un tipo de manjar y aderezo para cada temperamento; sin embargo, pueden haber debates irresolubles, en cuyo caso se dirimen a través de la guerra. Pero la guerra es una guerra de pasteles, de manjares que un jurado calificador degusta para determinar cuál de los ejércitos la ganó.

Fourier orienta la temprana inclinación de los niños por la Gula al estudio de la gastrosofía y a la práctica de la cocina. Para ello “bastará abandonar a los niños a la atracción: ella los llevará en primer lugar a la gula; […] una vez apasionados sobre ese punto, tomarán parte en la cocina”. Gracias a esta pedagogía “un niño de diez años en la Armonía, es un gastrónomo consumado, capaz de dar lecciones a los oráculos gastronómicos de París.”

¿Por qué el maravilloso nombre de Armonía? Porque el gobierno de las pasiones, en la concepción fourierista, es musical: es la concertación de tonos, ritmo y notas en una sinfonía.

Maravillosa locura de un sabio que, según es fama, nunca reía, y que escribió clasificaciones rígidas del Nuevo Orden Amoroso, ya clasificando a los carnudos con desbordante sutileza, ya estableciendo normas que contribuyan a la felicidad de los seres humanos en Armonía.

1 Comments:

At 10:11 a. m., Anonymous Anónimo said...

muy buena exposicion de el tema principal, y exelnte comparacion-con las ramas filosoficas-

 

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